martes, 25 de septiembre de 2012

Ladrones de la adoración a Dios.



Lucas 19:45-46 Jesús entra al templo y en una actitud decidida comenzó a echar fuera a todos los que vendían y compraban en él, diciéndoles: “mi casa, es casa de oración; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.” Sin duda si Jesús entrara en alguno de nuestros cultos la reacción no sería muy distinta, ya que tristemente nuestros templos están llenos de ladrones de la adoración a Dios.

Es verdad que hoy en día no es común ver personas vendiendo dentro de los templos pero si es común ver personas que solo buscan el beneficio propio en vez de la real adoración a Dios. En aquel tiempo el templo había perdido su propósito, el templo dejó de ser casa de oración, se había dejado de lado la verdadera alabanza y la Palabra de Dios. ¡Le estaban robando a Dios los que le correspondía! Hoy la realidad no está muy lejana, los templos han pasado de ser lugares de adoración a Dios a espacios de adoración al hombre.

Los cultos están basados en apelar a las sensaciones de las personas, las alabanzas han pasado de “alabad a Dios porque es grande y temible” a “quiero, siento, manda lluvia de bendiciones, dame , dame , dame, mas y mas y mas ,o simplemente alabanzas que carecen de peso espiritual y gustan más por ritmo mundano que por lo que dicen”, los comentarios de los hermanos al terminar el culto han pasado de “alabado sea Dios por su Palabra” a “el culto fue malo porque no sentí nada” o “estuvo aburrido porque el predicador hablo más de veinte minutos, no dejo más tiempo para los coros, para las cosas que a mí me gustan y mas encima no dijo nada entretenido” .

Entre todo este culto a los placeres personales, culto a los propios sentimientos, ¿en qué momento alaban a Dios? Cueva de ladrones. La verdadera adoración va siempre dirigida a Dios, la perfecta alabanza reconoce a Dios y sus maravillas y no busca el propio beneficio. Por otro lado no podemos alabar a Dios como a nosotros nos plazca sino como Dios ha establecido que le adoremos. Los hijos de Aron, Nadab y Abiu, cansados de sacrificar el perfume ordenado por dios, decidieron ser creativos y adorar a Dios de su manera, ¡Dios los mató! ¡Los israelitas, hicieron un becerro de oro para alabar a Dios, muchos murieron! ¿Qué de nuestra música, formas y rituales de adoración? ¿Estaremos siguiendo las normas que Dios nos ha impuesto en su palabra? Es triste ver templos llenos de gente que solo buscan ser bendecidos por Dios y no están dispuestos a alabarle, bendecir su nombre y mucho menos a recibir su corrección y enseñanza. Cueva de ladrones que le han robado la gloria al creador para dársela a las criaturas.

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